La práctica habitual de actividad física es, junto a una alimentación saludable y un buen descanso, uno de los hábitos más importantes para cuidar nuestra salud. 

El buen tiempo del verano ofrece más oportunidades de practicar deporte al aire libre, en especial los acuáticos, haciendo de estos meses un momento idóneo para incorporar este hábito como rutina. 

Sin embargo, en esta época también se dan algunos factores, como días con temperaturas muy elevadas o una alta exposición solar, que pueden perjudicarnos si no las tenemos en cuenta.

Practicar deporte en verano

Hidratación

El cuerpo pierde agua a través de la respiración y de la transpiración, que aumenta con las altas temperaturas veraniegas, y que puede suponer un 2% de pérdida de líquido corporal al realizar actividades físicas. Por eso, prevenir la deshidratación es fundamental.

Reponer líquidos de manera constante a lo largo del día nos ayudará a mantener el cuerpo hidratado. Asimismo, se recomienda beber el equivalente a dos vasos de agua antes de empezar la práctica deportiva e ir parando de vez en cuando para tomar algunos sorbos más.

Alternar agua con bebidas isotónicas permitirá que el cuerpo recupere más rápidamente los minerales perdidos en la sudoración.

Las frutas y verduras estivales son muy ricas en agua, además de ser gran fuente de vitaminas, minerales y fibra. Su consumo diario es otra manera de mantener nuestro cuerpo bien hidratado.

Momento y lugar adecuado 

Se desaconseja practicar deporte durante las horas de mayor temperatura y a pleno sol -entre las 12h y las 17h- porque implica un sobreesfuerzo corporal que puede perjudicar nuestro estado de salud. Los momentos más recomendables son a primera hora de la mañana y cuando empieza el ocaso. 

Asimismo, en las grandes ciudades se debe tener en cuenta la contaminación ambiental. En este sentido, el mejor momento para practicar deporte al aire libre se sitúa durante las primeras horas del día. A medida que avanzan las horas, el ozono de la contaminación se va acumulando en el aire, llegando a su máxima concentración por la tarde. 

Una buena alternativa a la práctica matutina es realizar actividad física por la noche, cuando el ozono ya se habrá dispersado.

De igual manera, se recomienda elegir un espacio con acceso a zonas sombreadas para descansar del impacto directo de los rayos solares.

Protección solar

Actualmente, es indispensable el uso de protección solar para realizar cualquier tipo de actividad al aire libre en cualquier época del año; pero en verano es necesario aumentar las precauciones, en especial aquellas personas con un tono claro de piel.

Se recomienda el uso de un factor de protección solar alto y repetir las aplicaciones tantas veces como sean necesarias, ya que la sudoración provocada por la práctica deportiva o el contacto con el agua en los deportes acuáticos eliminan fácilmente los restos.

Ropa funcional

Para evitar sufrir un golpe de calor se recomienda utilizar ropa funcional adecuada, ligera y transpirable. Las prendas holgadas y de algodón facilitan la transpiración y la circulación de aire en su interior.

Del mismo modo, el uso de una gorra de color claro puede prevenir las insolaciones.

Señales corporales

Escuchar el propio cuerpo es la mejor manera de prevenir cualquier problema causado por un exceso de actividad. En este sentido, debemos prestar especial atención a posibles calambres por calor producidos en pantorrillas y muslos, siendo una de las primeras señales de un exceso de ejercicio. Una cara pálida, las cefaleas y los mareos son otras señales de un principio de agotamiento por calor o un inicio de insolación.