Hoy en Sentirse Bien Se Nota publicamos un interesante artículo de Miguel Angel Blanco Muñoz, Responsable I+D+i en Herba Ricemills y Doctor en Ingeniería Química. En él nos explica la relación entre biorritmos, estaciones y obesidad. Un tema que nos resulta especialmente interesante dadas las cifras mundiales de obesidad y sobrepeso que se están alcanzando.

 

La obesidad y el sobrepeso se han convertido en un problema de salud a nivel global y ya afecta a más de 2200 millones de personas según un estudio publicado en la revista especializada The New England Journal of Medicine. Está totalmente reconocida su relación como factor de riesgo metabólico y cardiovascular.

El aumento de peso y la influencia de las estaciones.

No es que nos hayamos pasado al final del verano con las cervezas y las tapas, es que la cantidad de grasa corporal cambia significativamente entre estaciones, y sobre todo, cuando cambia la climatología, la temperatura y las horas de sol. También cambian en invierno el tipo de alimentos que ingerimos (más calóricos), y la actividad física en el exterior y por tanto la cantidad de energía que gastamos. Aunque se aprecia mucho mejor en los animales que hibernan –los cuales ajustan su fisiología en preparación para los cambios de su entorno-, el significado biológico de estos ritmos ambientales estacionales y diarios ha sido reconocido desde hace mucho tiempo (Reinberg 1972). Sin embargo, en nuestra sociedad moderna, el impacto de la estacionalidad ha disminuido debido al alumbrado artificial, la calefacción y los sistemas de aire acondicionado. Estas ayudas reducen nuestra exposición a las fluctuaciones de temperatura y luz.

Sin embargo, estas fluctuaciones naturales contribuyen a la regulación normal del reloj del cuerpo a un período de 24 h; su uso disminuirá esta sincronización y puede aumentar el riesgo de desarrollar desequilibrios entre el ambiente natural y el cuerpo (similar a los problemas observados después de una transición de zona horaria o durante el trabajo de noche). Se ha afirmado que estos desajustes pueden conducir a alteraciones en el metabolismo y termorregulación que promueven la obesidad (Johnson et al. 2011; Wyse et al. 2011).

Nuestro cuerpo como un reloj.

Nuestro cuerpo es como una máquina y funciona con una serie de biorritmos. Los seres humanos, como otros organismos, poseen un sistema de medición del tiempo que se compone de mecanismos que se reajustan mediante varios sincronizadores entre los que se encuentra la luz diurna. En la ausencia de señales de tiempo, el componente dominante de este sistema libre funciona con un período de 24 – 25 horas, dando lugar a un supuesto ritmo circadiano (del latín: circa diem: aproximadamente un día). Los estímulos externos que pueden sincronizar nuestro reloj interno a un ciclo de 24 horas se llaman zeitgebers (del alemán zeit (tiempo) y geber (dador).

Por otro lado, los seres humanos poseen mecanismos de sincronización interna que pueden actuar independientemente de los cambios diarios en el entorno. Todas las células muestran un potencial genético para la ritmicidad diaria, pero en la práctica, se manifiesta esta ritmicidad en sólo algunas regiones del cuerpo. Estas regiones incluyen el hígado y el núcleo supraquiasmático (siglas SCN en inglés). El SCN normalmente coordina actividad rítmica en todo el cuerpo (actuando a través del sistema nervioso autónomo, la regulación de la temperatura, la secreción de hormonas, el sueño, la alimentación y el comportamiento) y se conoce como el “reloj biológico”. Hay cada vez más pruebas para sugerir que la interrupción de estos relojes biológicos puede contribuir a trastornos metabólicos y predisponen a la obesidad (Eckel-Mahan and Sassone-Corsi 2013).

 

Los horarios de las comidas y el mantenimiento del peso

Los alimentos que no engordan son los que se quedan en el plato y las causas obvias de obesidad incluyen la ingesta excesiva y la inadecuadad actividad física. Pero también hay otros factores relacionados con nuestro estilo de vida que están implicados en la obesidad.

Nuestra alimentación suelen consistir en dos o tres comidas principales a horas que dependen fuertemente de nuestro estilo de vida y de factores sociales. Es importante destacar que una comida por la mañana es más saciante que la misma comida por la noche. (de Castro 2009). También se ha observado que la cantidad de comida muestra variaciones con las estaciones y que el tamaño y las calorías aumentan en otoño. Los centros de que controlan el hambre y la saciedad en nuestro hipotálamo contienen receptores que estimulan el apetito (orexigénicos) o que lo inhiben (anorexigénicos) y que siguen los ritmos diarios con nuestros hábitos alimentarios.

También el sistema digestivo muestra ritmicidad en muchas funciones, incluida la secreción de ácidos gástricos y la movilidad gastrointestinal. Se muestra esta evidencia, por ejemplo, en que los trabajadores con turnos nocturnos suelen tener alterado el apetito y desórdenes abdominales, con un mayor riesgo para la obesidad (Lowden et al. 2010).

A diferencia de lo que manifestaba el griego Menandro – El sueño alimenta cuando no se tiene qué comer – dormir poco (menos de 6 horas al día) y los desórdenes del sueño están asociados a un incremento del hambre y el apetito (Taheri et al. 2004). La narcolepsia, cuando los pacientes sufren somnolencia diurna extrema (debido a la pérdida de neuronas productoras de orexina) está asociada al aumento de peso y la obesidad (Kotagal et al. 2004)

Los patrones de alimentación, cuando comemos o las circunstancias asociadas a estas comidas, están relacionados con el sobrepeso, la hipercolesterolemia, la tolerancia a la glucosa y los problemas cardiacos. Actualmente hay una controversia sobre la idoneidad de comer poca cantidad muchas veces durante el día, o comer solo 2 o 3 veces grandes comidas. La primera opción está asociada frecuentemente a comidas menos saludables (snacks y dulces) y por tanto puede ser incluso peor que la segunda. Por otro lado, las comidas grandes suelen asociarse a un incremento de la síntesis de grasa y almacenamiento.

Se ha demostrado que la misma comida a diferentes horas del día puede dar lugar a diferentes respuestas, siendo las comidas de las mañanas las que se asocian a mejor control del peso. Además, esta costumbre tan española como es comer después de las tres de la tarde resta eficacia a las dietas según un estudio de la Dra. Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia, que acaba de publicar la revista ‘International Journal of Obesity’ (Garaulet, 2013).

Conclusiones

Nuestro organismo se acaba acostumbrando a los horarios y regulará el consumo energético en función de los horarios de comidas y las estaciones. Por ello es importante que mantengamos los horarios, y ajustemos nuestra ingesta a nuestros ritmos de vida, ya que de este modo conseguiremos tener energía suficiente para hacer frente a toda la jornada y evitar desajustes.

 

Referencias

  • de Castro JM. When, how much and what foods are eaten are related to total daily food intake. Br J Nutr. 2009;102:1228–1237.
  • Eckel-Mahan K, Sassone-Corsi P. Metabolism and the circadian clock converge. Physiol Rev. 2013;93:107–135.
  • Garaulet M et al. Timing of food intake predicts weight loss effectiveness. International Journal of Obesity (2013) 37, 604
  • Johnson F, Mavrogianni A, Ucci M, Vidal-Puig A, Wardle J. Could increased time spent in a thermal comfort zone contribute to population increases in obesity? Obes Rev. 2011;12:543–551.
  • Kotagal S, Krahn LE, Slocumb N. A putative link between childhood narcolepsy and obesity. Sleep Med. 2004;5:147–150.
  • Lowden A, Moreno C, Holmback U, Lennernas M, Tucker P. Eating and shift work—effects on habits, metabolism and performance. Scand J Work Environ Health. 2010;36:150–162.
  • Reinberg A. The significance of biological rhythms in biometeorology. Biological rhythms and human biometeorology, with special reference to mortality rhythms and chronotoxicology. Int J Biometeorol. 1972;16 Suppl:97–112.
  • Taheri S, Lin L, Austin D, Young T, Mignot E. Short sleep duration is associated with reduced leptin, elevated ghrelin, and increased body mass index. PLoS Med. 2004;1:e62.
  • Wyse CA, Selman C, Page MM, Coogan AN, Hazlerigg DG. Circadian desynchrony and metabolic dysfunction; did light pollution make us fat? Med Hypotheses. 2011;77:1139–1144. doi: 10.1016/j.mehy.2011.09.023