La sabiduría popular está llena de frases hechas que dictan una forma de alimentarnos ligada a la hora del día. “Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo” es solo un ejemplo de ello, pero ¿tiene algún sentido programar lo que comemos?

Según un estudio realizado por la Universidad de Surrey (Inglaterra) en colaboración con el programa especializado en medicina de la BBC, “Trust me I’m a doctor”, la ingesta de carbohidratos por la noche no se asocia con el aumento de peso.

Para el estudio, se reclutaron voluntarios con buena salud para analizar cómo respondían sus cuerpos al consumo de carbohidratos por la mañana y por la tarde. También querían observar si sus organismos se podían adaptar con el tiempo.

Para ello pidieron a todos los voluntarios que comieran una cantidad fija de carbohidratos al día en distintos lapsos de tiempo. Así, durante los primeros cinco días debían ingerir la mayoría de los hidratos de carbono en el desayuno y dejar solo una pequeña cantidad para la noche. Durante los cinco días siguientes debían volver a su dieta habitual, y por último, volver al régimen de carbohidratos durante cinco días más, pero esta vez de modo inverso, es decir tomando la mayoría durante la noche y solo una pequeña cantidad en el desayuno. El equipo médico de la Universidad de Surrey supervisó durante todo el estudio los niveles de glucosa en la sangre de los voluntarios.

 

¿El resultado?

Los análisis de sangre realizados después de los cinco primero días de ensayo (desayuno rico en carbohidratos y cena con ingesta ligera de los mismos), hallaron una media de glucosa en la sangre de 15,9 unidades. Sin embargo, la muestra analizada tras los últimos cinco días de dieta a la inversa (desayuno ligero en carbohidratos y cena rica en ellos), mostró que la media de glucosa había bajado a 10,4, un dato más bajo de lo que se esperaban.

La conclusión a la que se llegó fue que la clave estaba en espaciar los tiempos en que se consumen carbohidratos y no hacerlo en todas las comidas. Si hay un buen espacio temporal desde la última comida rica en hidratos de carbono, el cuerpo estará más dispuesto a procesarlos. Eso ocurre de manera natural por las mañanas porque se ha tenido toda la noche de descanso para “ayunar”.

Es decir, el estudio mostró que es perfectamente saludable tomar una cena rica en carbohidratos siempre y cuando tu desayuno sea ligero en ellos.