El síndrome del intestino irritable (SII) o colitis nerviosa es un trastorno gastrointestinal crónico que afecta principalmente al intestino grueso. Algunas manifestaciones de esta enfermedad son un dolor y distensión abdominal, sensación de hinchazón, gases, cólicos, diarrea, estreñimiento y cambios en la consistencia de las heces sin una causa aparente, entre otras. Aunque la mayoría de los casos no suelen ser graves, los síntomas pueden variar significativamente entre una persona y otra. Asimismo, existen varios factores -como el estrés, la dieta y aspectos emocionales- que pueden empeorar las dolencias ocasionadas.

Si bien este trastorno se considera bastante habitual porque afecta a más del 10% de la población española, todavía se desconocen las causas que lo provocan

Su diagnóstico se realiza por exclusión de otras enfermedades, así como por la presencia de ciertos síntomas característicos preestablecidos. Asimismo, su tratamiento se basa principalmente en aliviar los síntomas, aprender a gestionar el estrés y controlar la dieta.

Qué debes comer si sufres el síndrome del intestino irritable

Para paliar los síntomas de la colitis nerviosa, controlar la alimentación es fundamental. Sin embargo, no todos los alimentos tienen los mismos efectos sobre cada persona afectada. Los expertos recomiendan realizar un proceso de prueba y error para cada caso concreto. Esto ayudará a determinar qué alimentos se deben descartar en cada situación.

Una alimentación sana y equilibrada -que incluya frutas y verduras, cereales integrales, legumbres y grasas de calidad, siempre que los alimentos elegidos sientan bien, hidratarse a lo largo del día y evitar las comidas copiosas o consumir alcohol- es el primer paso para controlar los síntomas de esta enfermedad. Todo ello complementándolo con un estilo de vida saludable -práctica regular de actividad física, descanso suficiente y gestión del estrés-.

Si incluso así los síntomas no mejoran, lo más aconsejable es seguir una dieta baja en FODMAP (fermentables, oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles). Este tipo de alimentación consiste en la restricción puntual de ciertos tipos de carbohidratos, posibles responsables de los síntomas, para su posterior reincorporación. Por su déficit puntual en nutrientes, esta dieta se debe seguir siempre bajo la supervisión médica. 

Según este estudio de la Universidad de Teherán, el consumo de fibra está vinculado a un menor riesgo de sufrir el SII. La fibra añade volumen a las heces, ablandeciéndolas y facilitando su movimiento por los intestinos.

Existen dos tipos de fibra:

  • Soluble: la fibra se disuelve en agua y puede ayudar a aliviar la diarrea -presente en frutas, legumbres, avena y cebada-.
  • Insoluble: no se disuelve en agua y es beneficiosa para los casos de estreñimiento     -verduras, granos enteros y cereales integrales-.

Aunque de manera general las fibras solubles tienden a ser mejor toleradas, cada persona debe conocer el impacto que le produce este alimento en su cuerpo y adaptar la ingesta en función de su sintomatología.

Asimismo, existen ciertos alimentos que pueden ser desencadenantes de algunos de los síntomas de la colitis nerviosa.

Lactosa: Aunque la intolerancia a la lactosa es un trastorno propio, el 30% de las personas afectadas con SII no tolera bien este tipo de azúcar. Recuerda que puede estar presente en multitud de alimentos preparados.

Gluten: Según un estudio llevado a cabo por un equipo de gastroenterólogos de la American Gastroenterological Association, adoptar una dieta sin gluten durante 6 semanas reduce los síntomas del SII.

Grasas: si bien no existe evidencia científica, los expertos recomiendan reducir la ingesta de grasas porque beneficia la salud cardiovascular y los síntomas intestinales.

 

De todos modos, los síntomas de esta enfermedad no se presentan de la misma forma y cada cuerpo reacciona de manera diferente a ciertos alimentos. Lo más recomendable es aplicar una estrategia de prueba y error, así como llevar un diario de alimentos, registrando los efectos que cada uno provoca en nuestro cuerpo.